¿La eficiencia nos vuelve invisibles?
Sociedad

¿La eficiencia nos vuelve invisibles?

¿Alguna vez has arreglado algo tan bien que, de repente, pareces tú el problema? Es esa extraña sensación de ser un mago que revela el truco y, en lugar de aplausos, recibe una mirada de reproche por romper la ilusión.

La trampa del "trabajo asegurado"

Desde joven, mi madre siempre me decía que me hiciera funcionario. "Es la forma de tener el trabajo asegurado". Pero yo nunca quise. Siempre creí que el trabajo lo debe asegurar mi valía y mi capacidad de esfuerzo, no el haber aprobado un examen.

Hoy, con unos cuantos años más a la espalda, mi convicción es aún mayor. Siempre me han disgustado las personas que no hacen bien su trabajo o que carecen de interés. Por eso, siempre he intentado hacer bien mi trabajo y echar una mano a los demás, incluso haciendo parte de su tarea sin que me lo pidieran.

El ritual sagrado de los dos días

Hace tiempo, en un nuevo empleo, me explicaron un procedimiento mensual que duraba dos días completos. Era un proceso complejo, de esos que requieren supervisión mañana, tarde y noche. Una especie de "Vía Crucis" corporativo que todos aceptaban como algo inevitable.

Como no vi la necesidad de semejante tortura, pedí permiso para modificarlo. Mi jefe, que siempre me apoyó a pesar de mi poco tiempo en la empresa, con no pocas dudas, me dio luz verde. Logré que el proceso pasara de dos días a menos de cinco minutos. Sí, cinco minutos, no exagero.

¿Me pusieron en un pedestal? Todo lo contrario. Antes, ese proceso era un acontecimiento; se planificaba, se notificaba, la gente estaba pendiente. Al volverlo eficiente, perdió su "magia" y, por ende, su valor percibido. Si no da problemas, parece que no existe.

El prestigio de mantener el incendio

Es curioso: tienen más prestigio (y presupuesto) los que generan un problema y lo mantienen vivo cada mes que quien lo arregla de forma definitiva. Me recuerda a la película española El Lobo (2004). Si la has visto, entenderás que a veces el sistema necesita que el enemigo siga ahí para justificar su propia existencia.

Años más tarde, me pasó lo mismo con un proyecto que llevaba un año dando problemas diarios. Tenían a una persona dedicada exclusivamente a poner parches. Lo rehice de cero en un mes. El resultado: dejó de fallar, pero me bajaron el presupuesto porque "ya no necesitaba a tanta gente".

Lo más sangrante fue que un programador brillante de mi equipo sugirió una solución alternativa a la mía y que podríamos afrontar en un par de días. Tuve que descartarla. ¿Cómo le explicas a un jefe que se ha gastado una fortuna durante un año en algo que se resolvía en un fin de semana? Hay verdades que el presupuesto no puede soportar.

La rebelión de la asertividad

Con el tiempo he aprendido que no siempre interesa hacer las cosas bien. En ocasiones, renta mucho más hacerlas mal o, al menos, dejar que el problema siga su curso. Últimamente me he embarcado en solucionar fallos que veía venir por pura experiencia, y el resultado ha sido decepcionante: desde decirme que no me meta en lo que no es asunto mío hasta ignorarme por completo o, peor aún,  aplicando cambios que han agravado el problema.

La conclusión es clara: no esperes reconocimiento por hacer las cosas bien o por ayudar a los demás. Al menos, a mí no me ha funcionado. Me quedo con el respeto mutuo de esos compañeros que me valoran, pero poco más se puede rascar.

Es el momento de evolucionar. He decidido hacer solo lo que me interese y ayudar exclusivamente a quien me lo pida. Toca ser más simple, práctico y asertivo. Resolver problemas ajenos solo ha servido para abrir la puerta a otros nuevos y, sinceramente, no estoy seguro de que este nuevo escenario sea mejor que el anterior.

Reflexión: ¿Qué pesa más en una empresa: el ruido de un incendio constante que todos intentan apagar o el silencio absoluto de un motor que nunca falla? A veces, el silencio es el camino más rápido hacia la invisibilidad.

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Debate (3)

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I
InmaculadaQuinteroChaparro K10
07/05/2026
Que lo máximo a lo que se pueda aspirar en esta sociedad es a ser funcionario o mejor todavía a ser pensionista , o mejor todavía a ser subvencionado, indica cómo está la cosa. Lo importante es la paguita, si no aportas nada o robas, ni tan mal.
Lo de apagar el incendio que provocas a diario es otra. Lo importante es figurar y que se hable de ti. Si se puede poner en Instagram y engañar, ya lo tienes
C
Cris K101
07/05/2026
Creo que lo importante es estar contento con lo que haces, está claro que si haces las cosas bien por la aprobación de los demás te vas a llevar muchos disgustos. Muchas veces no merece la pena dedicar tiempo a algo que no te va a aportar nada.
P
Palo K10
08/05/2026
Estoy totalmente de acuerdo con Cris. Creo que ser funcionario no es ser un mal trabajador o un vago. Se puede ayudar mucho. Lo importante es irte a la cama con la conciencia tranquila de que has hecho tú trabajo lo mejor que podías